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La buena esposa de Olalla García



Portada de la novela La buena esposa de Olalla García
La buena esposa de Olalla García

Todo marido tiene derecho a levantar la mano a su esposa porque ella le está sujeta, como Eva a Adán; que la hembra es pecaminosa y débil, y hay que disciplinarla para que no se desmande; que así lo afirma la Biblia”.


Hacía tiempo que sentía curiosidad por leer “La buena esposa” de Olalla García.


La novela transcurre en la Alcalá de Henares del siglo XVII y cuenta la historia de Francisca de Pedraza, una mujer que sufre el martirio de los malos tratos y que luchará con todas sus fuerzas para que le sea concedido el divorcio en una época donde la mujer era poco más que una posesión más dentro del matrimonio. Tras haber concertado este en beneficio de ambas partes, el marido, Jerónimo de Jaras, un hombre violento y dado a la bebida, se ensañará día y noche con su esposa sin importarle nada más que vilipendiar su fortuna y darse a la buena vida.


La historia está escrita en primera persona utilizando las distintas voces de los personajes principales, tres mujeres jóvenes que salen del convento para casarse con los hombres que han sido elegidos para ellas y honrar así el santo sacramento del matrimonio. Cada una encontrará distinta suerte mientras nos van narrando su propia vida y la de Francisca de Pedraza, una mujer inigualable y un ejemplo a seguir para su tiempo. La técnica narrativa de la autora es magnífica, la pluma realmente exquisita y el vocabulario elegido con mimo te sumerge de pleno en la España de aquellos años.


Por costumbre, un hombre casado siempre golpea a su mujer en la intimidad de la casa, sin testigos, evitando el escándalo. Tales son las normas que dicta la buena conducta, y que todo varón decente debe respetar de cara a la sociedad”.


He sufrido cada golpe dado en el maltrecho cuerpo de Francisca de Pedraza, me he emocionado con la indisoluble amistad entre esas tres mujeres, su lucha y tesón por sacar adelante a Francisca y a sus hijos. He crispado los puños de ira ante la reiterada injusticia de las autoridades civiles y religiosas por mantener una situación moralmente despreciable donde se miraba hacia otro lado simplemente porque había que mantener el status quo de la superioridad del hombre sobre la mujer.


Nunca faltan voces que afirman que es la mujer la responsable de que la asalten. Por su forma de vestir, de hablar, de moverse, por andar en la calle… Por el mero hecho de haber nacido hembra, con la naturaleza de una criatura tentadora y pecaminosa que incita a la lujuria… Pretextos nunca faltan para librar al verdadero culpable y condenar a la víctima”.


Una novela que trata un tema delicado que lamentablemente sigue conviviendo entre nosotros en pleno siglo XXI. Algunos hombres todavía creen que las mujeres les pertenecen y que como tal pueden hacer con ellas lo que les plazca sin ninguna consideración a su voluntad. Aún queda camino por recorrer, es evidente. Como sociedad debemos seguir potenciando la educación en valores y el respeto hacia el prójimo, con independencia de cual sea su sexo, opinión o creencias. Es una lacra demasiado pesada la que recae sobre nuestras espaldas.


Una historia sobrecogedora la de una mujer valiente, anónima como otras muchas, silenciadas a lo largo de los siglos, a quienes tanto debemos las generaciones actuales de mujeres. Nosotras sí podemos disfrutar de esa libertad que ellas ni siquiera pudieron soñar acariciar. Merecido homenaje de Olalla García a la vida de Francisca de Pedraza, un ejemplo de valentía y dignidad.


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