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Las campanas de Santiago de Isabel San Sebastián


Imagen de la portada de Las campanas de Santiago
Portada de Las campanas de Santiago

Corre el año 995 cuando el ejército de Almanzor, el azote Dios, arrasa Compostela en un intento de destruir la ciudad del apóstol Santiago en su lucha contra los infieles. Tiago, un humilde herrero, es capturado y obligado a llevar sobre sus hombros las campanas de la basílica hasta la mismísima ciudad de Córdoba. Mencía, su mujer, embarazada de una criatura, emprende la huida al comprender que su esposo no se reunirá con ella, e inicia un camino para sobrevivir con la semilla de la esperanza del reencuentro latiendo en su pecho.


Así comienza Las campanas de Santiago. Es la primera novela que cae en mis manos bajo la firma de Isabel San Sebastián (@isanseba), la última publicada de la periodista y escritora (2020), a la que había visto en alguna tertulia televisiva o escuchado en algún medio de comunicación. Tenía ganas de conocer su faceta puramente literaria. Elegí entre su amplio catálogo esta obra por continuar con la documentación de mi nuevo proyecto. Bajo el sello de Plaza y Janés, el libro consta de 459 páginas divididas en 33 capítulos. La novela se enmarca en el género histórico, en el que la escritora se maneja de maravilla.


He disfrutado con la excelente ambientación de finales del siglo X tanto de Santiago de Compostela, al principio de la trama, como de la Córdoba califal, donde el protagonista, Tiago, pasa unos largos y penosos años en cautividad. Solo la esperanza de reencontrarse algún día con su amada esposa lo mantiene con vida durante su esclavitud. Sufrí con las calamidades del herrero mientras portaba las campanas hasta la capital del califato, y con cada uno de los martirios que tuvo que soportar en manos de los infieles. El hilo conductor de la historia, y en mi opinión, uno de los mayores aciertos de la novela, es la recreación del personaje histórico, temido por igual por cristianos y árabes, de la figura de Almanzor. Dotado de una fuerza espléndida, como lectora he llegado a odiarlo desde el mismo momento de su aparición, en las primeras páginas, durante el saqueo y quema de la ciudad donde reposa el Apóstol, aunque en la escena crucial, durante su entrada en la catedral, tuviera un gesto de misericordia al respetar el sepulcro del Santo y al monje que lo custodiaba, siguiendo las directrices de su fe, que prohíbe el asesinato de sacerdotes. Isabel San Sebastián ha hilado una espléndida urdimbre sobre este hecho transcendental en la historia de España creando personajes verosímiles, con sus miedos y alegrías, obligados a separarse por mor de las razias militares que asolaban la península en aquella época inestable y sangrienta. Conocía el hecho histórico, pero gracias a esta lectura acudiré, en cuanto me sea posible, a la Mezquita cordobesa a admirar las lámparas en las que quedaron fundidas las campanas de la catedral de Santiago.


Aconsejo encarecidamente esta novela, donde sufrirás y amarás con el corazón encogido por Thiago y Mencía, desando que lleguen a encontrarse y retomar la vida que tenían antes de separarse por mor del destino. La escritora ha sabido mostrarnos un tiempo crucial para entender los inicios de lo que luego se llamaría la Reconquista. La pluma de Isabel San Sebastián me ha sorprendido, quizá porque su rol público había creado en mi cabeza una imagen con ciertos perjuicios sobre la calidad de su literatura. A veces, las primeras impresiones no son buenas, y reconozco que he disfrutado y volveré a adentrarme en sus historias con toda seguridad. Un descubrimiento para mí y un nuevo referente en la novela histórica.


Para finalizar, me quedo con esta frase que podría resumir a la perfección la esencia de esta historia novelada y me atrevo a afirmar, que incluso, la razón de ser de la literatura: Las palabras escritas son las custodias de nuestras vivencias, dan fe de lo sucedido.

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