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Un regalo inesperado


Como quizá a estas alturas sabrás, mi género preferido y en el que me encuentro cómoda para escribir, es la novela histórica. El verano pasado una editorial independiente de mi tierra convocó un concurso literario sobre ciencia ficción. Por casualidad, leí la noticia en internet y comprobé, con una sonrisa, que eran los últimos días de plazo para presentar los textos. Andaba por aquel entonces enfrascada en un curso de escritura, porque formarse es vital para avanzar en cualquier aspecto de la vida, y uno de los cuentos trabajados cuadraba a la perfección con los requisitos de la convocatoria. Sin pensarlo, les remití el relato breve de unas mil palabras por si había suerte.


Para mi sorpresa, el relato breve salió elegido como uno de los seis ganadores y, como premio, sería publicado en una antología. Es la primera vez que exploro un género tan alejado a mis gustos como lectora y creadora de historias, con lo que la satisfacción es inmensa.


Los concursos literarios están en entredicho en numerosas ocasiones. Es una plataforma de lanzamiento magnífico para los escritores noveles, pero muchas veces, sobre todos los convocados por las editoriales grandes y poderosas, suele ser normal que los premiados sean escritores consagrados y con una dilatada carrera profesional a sus espaldas. Los trabajos galardonados en esos certámenes, atendiendo a su reputación, son excelentes y merecedores de los premios, pero resulta cuanto menos curioso, la poca cabida para los novatos en la mayoría de ellos.


Mi experiencia en el asunto es escasa. Salvo el certamen de mi ciudad, del que recibo cada año la convocatoria por correo electrónico a modo de recordatorio, he participado en pocos concursos literarios. La novela sí ha concurrido a un póquer de ellos, animada por la correctora profesional que contraté para un primer análisis y depuración del texto, quien consideró que podría tener alguna posibilidad. Como resulta evidente, el manuscrito no fue premiado, y para no convertirse en excepción, los títulos ganadores contaron con una pluma de primer nivel con varios libros publicados.


Para los escritores noveles como yo, el único y más valioso premio es, sin duda, la publicación tradicional. Darse a conocer, empezar a formarse un nombre, y que sus textos vuelen libres y lleguen a los lectores, es el mejor galardón y un premio inigualable. Eso acaba de pasarme. Dos editoriales, una de Málaga y otra de Madrid, van a publicar en breve uno de mis relatos y mi primera novela. Comprenderás que no quepo en mí de gozo y alegría, porque es un paso, pequeño pero firme, en el largo camino para alcanzar mi sueño. El día que tenga entre mis manos los libros impresos será uno de los más importantes de mi vida.

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