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Del papiro al pergamino


Varios pergaminos amontonados en estante
Pergaminos

Esta semana haremos un viaje al pasado, concretamente a Egipto, donde os contaré un hecho histórico clave para el conocimiento y, consecuentemente, para la humanidad.


Corría el siglo IV antes de Cristo y eran tiempos de Alejandro Magno. Se cuenta que el macedonio siempre viajaba llevando consigo un ejemplar de la Ilíada de Homero, a la que acudía en busca de consejo como si fuese una brújula que guiara su camino. La leyenda dice que en un sueño, vio acercarse a un anciano desconocido, quien le recitó unos versos de la Odisea en los que hablaba de una isla llamada Faro, supuestamente localizada frente a la costa egipcia. El conquistador sabía de la existencia de una isla que podría cuadrar con la revelación de su ensoñación, situada en las proximidades de la llanura aluvial donde el delta del Nilo se diluyen con las aguas del Mediterráneo. En aquel lugar en la costa, justo enfrente de la isla de Faro, sin dudarlo, fundó la legendaria ciudad que llevaría su nombre: Alejandría.


Aunque muchos pudieran creer que su Gran Biblioteca fue obra del propio emperador, la tarea recayó en las manos de Ptomoleo. Alejandrose marchócuando se iniciabala construcción de la ciudad, y no regresaría hasta una década después, cuando lo hizo ya fallecido para reposar en el mausoleo que se levantaría en su honor. Hoy día sigue siendo una incógnita si Alejandro Magno murió por causas naturales, o lo hizo envenenado por algún enemigo, o incluso, a manos de alguien de su entorno más cercano, como el propio Ptolomeo.


Fue este, amigo y compañero de expedición, quien llegó a convertirse en el faraón de Egipto, tomando el testigo de su paisano tras su muerte, dando vida a Alejandría, y a su legendaria biblioteca. Reunió en la ciudad a los mejores pensadores de su tiempo, y con ellos, a miles de ejemplares de papiros, las láminas donde solía escribirse en aquellos tiempos. La biblioteca, lejos de lo que se pudiera pensar, no estaba constituida como lo que en la actualidad conocemos como tal, si no que se creeque era un conjunto de nichos abiertos con baldas de papiros amontonados los unos sobre los otros. La sabiduría, en aquel entonces, solamente estaba al alcance de unos pocos elegidos y pudientes.


A nadie se le escapa que el papiro y la escritura fueron piezas clave para el progreso de la civilización. Era confeccionado tira a tira con el tallo de los juncos que crecían en las aguas del Nilo, a los que se les ponía en remojo entre una y dos semanas, para luego cortarlos en tiras,prensarlos y dejarlos secar durante días. En aquella planta acuática residía, en buena medida, el poder de lo faraones. El papiro solo se elaboraba en Egipto, constituyéndose en una fuente de innumerables recursos económicos con los que se perpetuaba el poder de los antiguos reyes.


Dos siglos más tarde, Pérgamo, una ciudad perteneciente a lo que hoy es Turquía, comenzó a rivalizar como cuna del saber con la mismísima Alejandría. Su rey, Eumenes II, concentróun buen puñado de mentes prodigiosas e hizo construir una biblioteca que pretendía superar a la de la mítica ciudad. El rey Ptolomeo V (se da la curiosidad que durante los trescientos años en que los Ptolomeos reinaron en Egipto, una de las máximas que era necesario cumplir, era que todos los monarcas debían tener el mismo nombre), quiso perjudicar la incipiente biblioteca creada por Eumenes II. Encolerizado al descubrir su intención de marchar a la ciudad rival para hacerse cargo de la nueva biblioteca, encarceló a Aristófanes de Bizancio, el bibliotecario de Alejandría. Además, dejó de suministrar papiros a Pérgamo, con la creencia de que estopropiciaría el fracasoy su caída. Este hecho supuso un antes y un después, no solo para ambos gobernantes, sino para la propia historia.


Empujados por el contexto político y económico, los habitantes de Pérgamo mejoraron la antigua técnica oriental de la escritura sobre cuero. Los artesanos sumergían las pieles de cabra, carnero, oveja o becerro en cal durante varias semanas y las tensaban en un bastidor después, dando como resultado la elaboración de unas láminas suaves, delgadas y sobretodo más aprovechables para la escritura que el papiro, al poder escribir por ambas caras. Había nacido el pergamino. De modo que la asfixia por el embargo de Ptolomeo V no tuvo éxito, y las mentes brillantes de Pérgamomarcaron un antes y un después en la cultura de todos los tiempos.


A veces, cuando las cosas se ponen difíciles, hay que seguir trabajando con esperanza e ilusión, porque quizá encuentresun camino mejor que te permita alcanzar tus sueños. Eso mismo sucedió en Pérgamo. Esta curiosa anécdota forma parte del ensayo El infinito en un junco de Irene Vallejo, del cualos hablaré más adelante. Como lectora, estoy saboreando cada pasaje, deleitándome como pocos libros han conseguido en los últimos años. Y mientras leía esas páginas sobre el nacimiento del pergamino, me vino a la mente que mañana presentaré en Torremolinos, concretamente en la Librería Pérgamo, mi primera novela publicada: La memoria olvidada. Y me pareció una curiosidad que bien merecía una entrada de blog.

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