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El Acebuchal, un lugar con encanto


Vista panorámica de El Acebuchal
Vista panorámica de El Acebuchal

Hace dos veranos, mientras me documentaba para La memoria olvidada, visité El Acebuchal, una aldea escondida en el corazón de la sierra de Tejera, Almijara y Alhama. Situada entre los municipios de Comares y Frigiliana, y esculpida en mitad de una hondonada, cuenta del abrigo de un frondoso bosque de pinos mediterráneos que la cobijan y la resguardan. Para llegar hasta allí, hay que conducir por un camino de tierra en no muy buenas condicioness. Resulta fácil perderse y no encontrar el carril de acceso, como si la aldea quisiese proteger su intimidad de miradas curiosas y visitantes hostiles.

Corría el verano de 1948, nueve años después del final de la guerra civil, cuando el caudillo Francisco Franco, ante la desesperación por la lucha encarnizada entre la Guardia Civil y la guerrilla que zarandeaba la tranquilidad de la comarca de la Axarquía, tomó la decisión que los habitantes de aquel puñado de casas dejaran atrás su hogar de manera permanente. La aldea quedó huérfana de sus gentes y sumida en el abandono del transcurrir del tiempo. Hasta esa fecha, había sido el hogar de tomilleros, esparteros, caleros, carboneros y un sin fin de oficios que ofrecía la sierra y que, lamentablemente, se están quedando en el olvido por falta de mano de obra que los perpetúen. Además, la aldea era parada forzosa de arrieros quienes, a lomos de una mula, atravesaban la sierra por caminos y senderos angostos en dirección a Granada para llevar fruta, pescado, y portar de vuelta, garbanzos, harina o cualquier cosa que necesitaran los vecinos. Los apenas doscientos habitantes de aquel entonces se vieron forzados a dejar atrás sus hogares y los de sus abuelos, a razón de aquella ley firmada por el dictador, que no vio otro modo de cortar los lazos férreos de quienes ayudaban con lo que tenían, a las gentes de bien que se echaron al monte para salvar la vida.


A consecuencia de ello, la aldea quedó olvidada para quienes no la conocieron, y acabó convertida en ruinas. Medio siglo después, a finales de los años 90, un par de descendientes de esos vecinos obligados a marcharse, se propusieron devolverle la vida y el brillo a aquel conjunto de casas encaladas en mitad de la sierra. A aquellos nostálgicos le siguieron un grupo de personas llegadas de fuera de nuestras fronteras, que atraídos por la belleza del lugar, decidieron asentarse definitivamente en aquel paraje con ese atractivo especial. Hoy en día es posible alojarse en muchas de esas casas, rehabilitadas con esmero y convertidas en establecimientos de turismo rural. Disfrutar del paisaje verde y escarpado es una experiencia maravillosa para todos los sentidos. El alojamiento hotelero The lost village El Acebuchal es uno de estos lugares que rezuma esencia, y donde puedes pasar unos días magníficos mientras desconectas de la rutina, o realizas algunas de las numerosas rutas de senderismo que nacen de los alrededores. Y si quieres deleitarte con la gastronomía de la tierra, en los fogones del Restaurante El Acebuchal se cocinan platos típicos con sabores de antaño.


Pasear por el empedrado de aquellas callejuelas es retroceder en el tiempo y hacer un viaje al pasado. ¿Qué historias podrían contarnos esas paredes níveas salpicadas del colorido de las macetas con geranios que inundan los rincones? ¿Cuántos de aquellos vecinos sufrieron las penalidades de una guerra entre hermanos de sangre, familiares y amigos?


Descubrir El Acebuchal es honrar la memoria de quienes vivieron en sus hogares, y tuvieron que abandonar el lugar que los vio nacer empujados por las circunstancias. Ese rincón de la sierra ha renacido de sus cenizas y no ha dado la espalda a su historia. Los nuevos moradores han sabido respetar su identidad, y aunque lo han dotado de las comodidades de los nuevos tiempos, la aldea aún mantiene ese sabor añejo de nuestros abuelos, y goza de un encanto inigualable. ¿Te atreverías a dejarte sorprender?



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1 Comment


Guest
Sep 01, 2022

Leyéndote me han entrado ganas de descubrir este lugar el cual desconocía. Gracias Marivi por tus letras y por el saber que compartes.

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