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Soltando lastre


Mujer liberando globos al cielo
Mujer soltando globos en el cielo

Hace unos años, cuando mi vida solo me pertenecía a mí y no a un rubio de cuatro años, estaba rodeada de una y mil manías a la hora de ponerme a escribir. Un lugar apartado lo más lejos posible de cualquier ruido, una música instrumental que amenizara el ambiente y, sobre todo, estar rodeada de toda la documentación que había recopilado como bibliografía previa, por si tuviese que consultarla en cualquier instante. Eran elementos indispensables para empezar a narrar la historia que vivirían mis personajes. Recuerdo incluso, que tenía un despacho propio en casa para tal menester, en el que me pasaba las horas sin darme cuenta. Varios años después, con el trajín del día a día y la difícil labor que es conciliar un trabajo profesional con bastante responsabilidad, y la crianza de un niño pequeño, me veo obligada a arañar minutos al reloj allí donde sea posible. Tanto es así, que he llegado a escribir en la sala de espera de la consulta del médico, entre una lavadora y otra, o durante un capítulo de dibujos animados que tanto le gustan a mi pequeño, mientras se queda sentado en el sofá unos minutos.


Meses atrás, en otra entrada de blog, Haciendo malabares, ya escribí sobre el difícil equilibrio que tenemos las madres para llevar adelante todas las aristas de nuestra vida, y que todo encaje perfectamente. Mi puzzle cada vez tiene más piezas por ensamblar, y el tiempo es el que es, y no puedo añadirle mayor número de horas al día, aunque quisiera. En estas últimas semanas he comprobado en carne propia que, a veces hay que echar el freno, parar, porque si no te detienes, la vida lo hace por ti sin remedio. Este verano incómodo he llegado a la conclusión de que quizá deba recapitular, y saber distinguir lo superfluo de lo verdaderamente importante. Acaba de comenzar el curso escolar, y es época de ajustes. Como primer paso he retomado el deporte, vital para recuperar la energía, con la intención de liberar la tensión y dedicarme un tiempo de ocio solo para mí.


Y con esa premisa sobrevolando mis pensamientos, sigo adelante, siempre con la vista puesta en que he de coger el timón y hacer virar el rumbo para dirigirme a buen puerto. No es que no haya ido bien encaminada antes, sino que puede que haya ido sobrecargada de peso. He de aprender a soltar lastre, a enfocarme lo justo y necesario en los problemas, y a disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas, se quede atrás quién se quede, lo entienda o no lo entienda, tenga o no su propia opinión al respecto. Es una tarea complicada, porque una no cambia de la noche a la mañana y, menos, a una cierta edad, pero soy consciente de que necesito reconducirlo todo, para ordenar el camino, y andarlo ligera de equipaje.


En conclusión, esta entrada en el diario es breve, como no podía ser de otra manera dada las circunstancias, y tal vez sea un punto de inflexión sobre mi compromiso semanal como el diario. Dejaré que transcurran los días para hacer un análisis serio y aclararme. Paso a paso y tiempo al tiempo. La respuesta se hará ver por sí sola. ¿No crees?

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